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10/09/2010 Los frikis
He perdido la cuenta de las veces que he titulado esta columna como hoy. La televisión ama los frikis. Y los ama para mofarse de ellos. Una extraña paradoja. Se burla de estas criaturas pero las necesita para pervivir. El penúltimo monstruo aparecido es este pastor Jones, al frente de una iglesia que solo contiene 50 fieles (50 socios, vamos) pero cuya figura ha transcendido como si liderase un gobierno de 50 millones de ciudadanos. ¿Por qué? Porque ha propuesto algo distinto, original, descabellado, absurdo y peligroso. Elementos todos que apasionan a los medios de comunicación, servidor de ustedes. Por eso escribo hoy. El hombre está dispuesto él solito a liar una guerra santa o pecadora, gracias a su performance moderna de quemar públicamente unos coranes. Y como esa actividad no gusta nada a los hermanos musulmanes, se puede liar parda, que dicen en Tonterías las justas. ¿Entienden de qué va el tema? Alguien a las nueve de la mañana, en una tertulia radiofónica y probablemente con resaca, ha comentado que si los medios no acudieran a escuchar y filmar a estos frikis, nada pasaría, nada transcendería. Claro. Pero ya dijimos que las pantallas viven de estos payasos. El último, el profesor Neira, ese que nos engañó a todos. El que demostró que entre la heroicidad y la estupidez solo media una piel de plátano. El caballero se convirtió en héroe porque pasaba por allí. Pero ya era un friki, solo que no lo sabíamos. Carecía de dimensión social. Estos tipos van a durar dos telediarios. Hasta que aparezca otro nuevo. Que saldrá, no lo duden.
Nos encantan las Fiestas populares
Todas las fiestas de los pueblos son iguales. Exactas. Y vistas por la tele no se distinguen en nada. Pero a la tele le encanta retratar grupos humanos en actitud festiva. Lo de verlo ya es otro cantar.
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