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08/02/2010 La rubia no dice nada
Ayer pronostiqué que Lo que diga la rubia iba a durar en antena hasta finales de febrero. A veces me asusta lo buena persona que soy: visto el programa completo, tengo que cambiar mi apuesta: no le doy más de esta semana. No es que LQDLR sea malo. Es que no se sabe qué es. ¿Pretende hacer humor? Eso dicen. Habían pasado 15 interminables minutos y yo no había sentido la tentación de sonreír. Mala cosa para alguien que es capaz de soltar carcajadas con las películas de Mariano Ozores… A los 40 minutos no podía más. Mi tedio se derramaba por el sofá y quise abandonar. Aguanté por prurito profesional. Y batí un récord: no esbocé ni una sonrisa en 1.30 minutos. Mucho tendrán que trabajar para lograr que Santi Rodríguez saque adelante su consultorio Santimental. Dios no le ha otorgado la gracia de la improvisación, capaz de repetir “Vamos a ver”, unas 98 veces en diez minutos. Tampoco el resto de sus compañeros y compañeras han nacido para la comicidad, incluido un Edu Soto desperdiciado. Josep Lobató siempre fue sosito como presentador y la propia rubia, es decir Luján Argüelles carece de gracia natural… Ese es el programa que nos ofrecen a una hora en que no tienen público potencial: insistiendo en un look factoría Almodóvar, donde todo es cool, y las chicas compran la baguette en el barrio Salamanca. Hubieran hecho mucho mejor fichando a todos los componentes de SLKH (La Sexta), incluidos sus presentadores, que ayer celebraron 700 programas. Y celebrarán 7.000. Cosa que no verá la rubia desde el plató de Cuatro.
Naturalidad de La aficionada
Es curioso. La única participante natural y graciosa de Lo que diga la rubia fue Alazne, precisamente la más aficionada. Proviene de Pekín Express y tiene verdadera gracia.
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