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Cantautor,
autocantor, de las profundas simas del Bajo Aragón turolense,
allá donde Buñuel y Pablo Serrano soñaron
mares en el desierto.
Periodista, botones del hotel Subur (Sitges), camarero, molinero
de aceites, vendedor de cursos de idiomas, empaquetador de best
sellers, ¿poeta?, ¿novelista?, compositor, entrevistador,
crítico de TV, mozo en una bolera, con todo ello ha ganado
poco dinero y mucha experiencia.
Se considera el tercer mejor cantante del Bajo Aragón
(Teruel), tras El Pastor de Andorra y Eduardo Paz (La Bullonera).
Hizo que estudiaba en los Salesianos de Sarriá, hasta
que los curas captaron el engaño y le invitaron a:
-abandonar el centro motu proprio
-ser expulsado.
Optó por la primera opción.
Alcanzó el cénit de su realización personal
en los años 60 trabajando de botones y camarero en Sitges,
donde mantuvo relaciones interactivas con ciudadanos/as del
norte de Europa. Aprendió a distinguir una lechuga de
un boquerón. Estuvo a punto de ver a los Beatles en su
concierto en la plaza de toros de Barcelona. Tenía la
entrada en el bolsillo, pero aquel día le pusieron guardia
de comedor... No conserva la entrada.
Descubrió las canciones de Georges Brassens en 1968
en el colegio San Pablo de Teruel, gracias a su profesor de
literatura José Sanchis Sinisterra. Desde entonces se
dejó bigote, pero eso no es suficiente...
Su primer dinero ganado con la música lo obtuvo a
los nueve años tocando la armónica para los mozos
de su pueblo. Subido en unos sacos de patatas se desgañitaba
mientras la juventud bailaba en un patio. Su primer sueldo era
de una peseta cada tarde. Odia la armónica.
A los 14 años se convirtió en el batería
y/o vocalista de la Orquesta Bahía de Alloza, su pueblo.
Allí aprendió los secretos del ritmo y los misterios
de la balada italiana. Venecia sin ti, La Tierra, Cuando calienta
el sol y Rascayú fueron los hits que mejor interpretaba.
Desde entonces no ha hecho nada que merezca la pena.
Florito
de Tauste
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